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Cuento para dormir · Animar a leer

Daniela y el tesoro de los libros

de 8 a 9 años · 3 minutos de lectura

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Daniela tenía ocho años y una opinión muy clara sobre los libros.

—Leer es un rollo —decía—. Las letras son pequeñas y las páginas no se acaban nunca.

Aquel sábado de otoño llovía sin parar en casa de la abuela Rosa. Daniela miraba la lluvia por la ventana, con la barbilla en la mano. No había nada que hacer. O eso creía ella.

De pronto vio un papel doblado encima del sillón verde. Tenía dibujada una llave y unas letras en tinta azul. «Si te atreves a buscar el tesoro, mira en la página doce del libro de los piratas».

Daniela miró a la abuela, que tejía tranquila junto a la chimenea.

—Yo no sé nada —dijo la abuela, con una sonrisa muy pequeña.

Daniela fue a la estantería del pasillo y encontró el libro de los piratas. En la página doce había un barco, una tormenta y una capitana muy valiente. Sin darse cuenta, leyó la página entera para saber qué pasaba.

Entre las hojas había otra nota: «Ahora busca el libro que habla de las estrellas». Lo encontró enseguida y leyó cómo los marineros miraban las estrellas para no perderse. Y allí estaba la tercera pista: «El último secreto duerme donde se guardan los recuerdos».

—¿Dónde se guardan los recuerdos? —murmuró Daniela, pensativa.

Pensó en los álbumes de fotos, en los cajones, en las cajas viejas…

—¡En el desván! —exclamó, y subió la escalera de puntillas.

El desván olía a madera y a castañas asadas. En un rincón, bajo la ventana redonda, esperaba un baúl antiguo. Daniela levantó la tapa con cuidado. El corazón le latía muy deprisa.

Dentro había un cuaderno de tapas verdes, atado con una cinta roja. En la primera página ponía: «Cuentos de Rosa, nueve años». Eran historias de dragones despistados, barcos voladores y gatos que hablaban.

Daniela se sentó en el suelo y empezó a leer sin poder parar. Al final del cuaderno quedaban muchas páginas en blanco, y una nota pequeñita. «Estas páginas son para tus cuentos, cuando tú quieras».

Entonces la abuela asomó la cabeza por la escalera del desván.

—¿Has encontrado el tesoro? —preguntó.

—He encontrado un montón —contestó Daniela, abrazando el cuaderno.

Por la noche dejó de llover y salió la luna. Daniela se metió en la cama con el cuaderno y su linterna roja. Leyó un cuento más, y luego otro, hasta que se le cerraron los ojos.

Buenas noches, Daniela…

🌙

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