
Hugo tenía seis años y una caja llena de bloques de madera. Aquella tarde quería construir la torre más alta del mundo. Su dragón de peluche, Chispa, lo miraba desde la alfombra.
Hugo puso un bloque, y otro, y otro más, con mucho cuidado. La torre ya le llegaba a la nariz cuando, de pronto, se tambaleó. ¡Cataplán! Todos los bloques rodaron por el suelo.
Hugo la levantó otra vez, y otra vez se cayó. A la tercera, algo empezó a burbujear dentro de su tripa. Era como un volcán pequeñito que se hacía cada vez más grande.
Hugo apretó los puños, se le pusieron rojas las mejillas y gritó:
—¡Estas torres tontas nunca me salen!

Papá dejó el libro que estaba leyendo y se sentó a su lado en la alfombra.
—Uy, me parece que tienes un volcán ahí dentro —dijo con voz tranquila.
Hugo asintió sin mirarle. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿Sabes qué hacen los dragones cuando se enfadan? —preguntó papá.
—¿Echar fuego? —contestó Hugo, sorbiéndose la nariz.
—Los dragones sabios no. Ellos hacen la respiración del dragón.
Papá cerró los ojos e hizo como si oliera una flor, muy despacio. Luego sopló suave, suave, como un dragón que echa humito. Hugo abrazó a Chispa y lo intentó también: olió la flor y sopló el humito.
Una vez. Dos veces. Tres veces.

Poco a poco, el volcán de su tripa se fue quedando quieto.
—¿Y si Chispa te ayuda a descubrir por qué se cae? —propuso papá.
Hugo sentó a Chispa en el sofá y miró los bloques como un detective.
—¡Ya lo sé! La base es muy estrecha —dijo de repente.
Esta vez puso cuatro bloques grandes abajo, bien juntitos. Encima colocó los medianos y, arriba del todo, los más pequeños. La torre subió y subió, más alta que su nariz, más alta que su cabeza.

Entonces Chispa resbaló del sofá y la rozó con la cola. La torre tembló… y se cayó entera: ¡cataplán! Hugo notó que el volcán se asomaba, pero esta vez olió la flor y sopló el humito.
Y en lugar de gritar, se echó a reír con papá.
—Mañana construiremos un castillo con una base enorme —dijo, bostezando.

Esa noche, Hugo se durmió abrazado a Chispa, respirando despacio, como un dragón sabio. Buenas noches, Hugo…


