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Cuento para dormir · Dejar el chupete

Olivia y la canción para Nuna

de 2 a 4 años · 3 minutos de lectura

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Olivia tenía tres años y una elefanta de peluche gris que se llamaba Nuna. Nuna tenía las orejas enormes y un pañuelo rosa alrededor del cuello. Olivia tenía también un chupete rosa, que era su compañero de las noches.

Por el día, el chupete se quedaba en la mesilla, esperando. Pero, al llegar la noche, Olivia no se dormía sin él. Mamá le leía un cuento, le daba un beso y apagaba la luz grande.

Y Olivia se metía el chupete en la boca y cerraba los ojos. Lo malo era que, a veces, el chupete se escapaba por la noche. Entonces Olivia se despertaba y lo buscaba a oscuras, nerviosa.

—¡Mamá! ¡Mi chupete! —llamaba, con la voz llena de lágrimas.

Y mamá venía medio dormida a buscarlo con ella.

Una noche, después del cuento, Olivia notó algo raro. Nuna estaba tumbada a su lado, con las orejas muy abiertas.

—Nuna no se puede dormir —susurró Olivia en la oscuridad.

Olivia sabía qué hacía mamá cuando ella no se dormía: le cantaba. Así que abrazó a Nuna y empezó a cantar. Pero, con el chupete en la boca, solo le salía: «Mmm, mmm, mmm».

Olivia se sacó el chupete despacio y lo dejó en la mesilla. Luego meció a Nuna entre los brazos, como si fuera un bebé.

—Duérmete, Nuna, que sale la luna —cantó bajito—. Cierra los ojos, que yo estoy aquí.

Cantó la canción una vez, y otra, cada vez más despacio. Las orejas de Nuna se quedaron quietas, y los ojos de Olivia también se cerraron.

A la mañana siguiente, mamá entró en la habitación y se quedó sorprendida. El chupete seguía en la mesilla, y Olivia había dormido toda la noche.

—He cantado a Nuna —explicó Olivia, muy orgullosa—. Y con chupete no se puede cantar.

Después del desayuno, buscó una cajita de madera con un lazo amarillo. Metió dentro el chupete y cerró la tapa con cuidado.

—Lo guardo de recuerdo —dijo—. Ahora, por las noches, canto yo.

Mamá le dio un abrazo enorme, y pusieron la cajita en la estantería.

Esa noche, Olivia se metió en la cama con Nuna y miró por la ventana. Allí estaba la luna, redonda y tranquila, como en la canción.

—Duérmete, Nuna, que sale la luna —cantó Olivia, muy bajito.

Nuna se acurrucó contra ella, y Olivia soltó un bostezo grande y suave. Y las dos se durmieron juntas, abrazadas, hasta la mañana. Buenas noches, Olivia…

🌙

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