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Cuento para dormir · Rabietas al salir del parque

Thiago se despide del parque

de 2 a 4 años · 3 minutos de lectura

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Thiago tenía tres años y un dinosaurio de peluche verde que se llamaba Rocco. Lo que más le gustaba del mundo era ir al parque con papá. Allí estaba el tobogán rojo, que era rapidísimo.

Estaban los columpios, que subían casi hasta las nubes. Y estaba el arenero, donde Rocco y él construían montañas enormes. Pero había un momento que a Thiago no le gustaba nada.

Era cuando papá miraba el reloj y decía: —Thiago, nos vamos. Entonces algo le subía desde los pies hasta la cabeza, como un volcán. Thiago se tiraba al suelo, pataleaba y lloraba muy fuerte.

—¡No quiero irme! ¡No, no y no!

Papá se agachaba a su lado y esperaba, tranquilo, sin prisa. Cuando el volcán se apagaba, volvían a casa despacio, pero Thiago iba triste.

Aquella noche, ya en la cama, Thiago abrazó a Rocco.

—Rocco, ¿por qué me enfado tanto cuando nos vamos del parque? —preguntó bajito.

Rocco no contestó, claro, pero Thiago se quedó pensando. Y entonces se le ocurrió algo. «Me voy tan deprisa que no le digo adiós a nada», pensó. «Y el parque no sabe que vuelvo».

Al día siguiente, Thiago jugó en el parque toda la tarde. Cuando papá le avisó de que quedaban cinco minutos, Thiago asintió muy serio. Notó un poquito de volcán en la tripa, pero tenía un plan.

Corrió al tobogán y le dio una palmadita. —¡Adiós, tobogán! ¡Mañana vuelvo! Luego fue a los columpios. —¡Adiós, columpios! ¡Guardadme el sitio! Después se despidió del arenero, de un banco y de un charco pequeño.

Hasta saludó a las palomas, que lo miraron con la cabeza ladeada.

—¡Adiós, palomas! —dijo Thiago—. Mañana os cuento más cosas.

Papá lo miraba sorprendido, con una sonrisa enorme.

—¿Ya? —le preguntó.

—Ya —dijo Thiago, y le dio la mano—. El parque ya sabe que vuelvo.

Volvieron a casa saltando las rayas de la acera, sin volcán y sin prisa.

Por la noche, después del baño, Thiago se metió en la cama con Rocco. Papá apagó la luz grande y encendió la lamparita de la luna. Thiago miró por la ventana y vio la luna, redonda y tranquila.

—Adiós, día —susurró—. Adiós, tobogán. Adiós, palomas.

—Mañana vuelvo —añadió, con los ojos medio cerrados.

Rocco se quedó quieto a su lado, guardándole el sueño. Y Thiago se durmió tranquilo, sabiendo que todo seguiría allí por la mañana. Buenas noches, Thiago…

🌙

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