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Cuento para dormir · Saber perder

Paula y la Copa del Mejor Perdedor

de 8 a 9 años · 3 minutos de lectura

Léelo con el nombre de tu peque (el cuento es de una niña)

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Paula tenía ocho años, un búho de peluche llamado Cosme y un problema: odiaba perder. Si perdía a las cartas, las lanzaba al aire como confeti enfadado. Si perdía a la oca, se cruzaba de brazos y no hablaba en diez minutos.

El viernes, noche de juegos, la abuela Rosa trajo su oca de siempre.

—Esta noche gano yo —anunció la abuela, frotándose las manos.

—Eso dices siempre —dijo Teo, el hermano pequeño de Paula—. Y nunca ganas.

Paula iba primera, muy por delante. Pero entonces cayó en el pozo y tuvo que esperar tres turnos. Teo la adelantó dando saltitos. —¡De oca a oca y tiro porque me toca!

Y llegó al final antes que nadie.

—¡Es trampa! —gritó Paula. Empujó el tablero, y las fichas rodaron por la alfombra.

Subió a su cuarto y se tumbó con Cosme encima de la tripa. Al rato, desde abajo, llegaron risas. Seguían jugando. Sin ella.

—Cosme, ¿te has fijado? La abuela pierde siempre. Y es la que más se ríe.

Cosme la miró con sus ojos redondos, como si aquello fuera importantísimo. Paula se quedó pensando un buen rato. Luego se levantó de un salto. Cogió un vaso de yogur vacío, papel de aluminio y un rotulador.

Al rato, bajó con algo brillante entre las manos.

—Nueva regla —anunció—. Esta es la Copa del Mejor Perdedor.

—¿Y eso qué es? —preguntó mamá.

—Se la lleva quien pierda con más estilo.

La abuela se ajustó las gafas. —¿Perder con estilo? Eso es lo mío. Mamá perdió y se desmayó en el sofá, muy despacio, como en una película. La abuela perdió cantando una ópera inventada sobre una oca con hipo.

Teo intentó perder a propósito. No le salió. En la última partida, Paula estaba a una casilla de la meta. Tiró el dado y cayó otra vez en el pozo.

Todos la miraron en silencio. Paula se puso de pie, muy seria, con la mano en el corazón.

—Quiero dar las gracias a este dado traidor. Y al pozo, que ya es mi casa.

E hizo una reverencia larguísima. La abuela lloraba de risa. Por votación, la Copa del Mejor Perdedor fue para Paula.

Esa noche, la puso en la mesilla, junto a Cosme.

—Mañana, revancha —le susurró al búho—. Y pienso perder mejor que nadie.

Cerró los ojos sonriendo, y la copa brilló a la luz de la luna. Buenas noches, Paula…

🌙

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