
Sofía tenía tres años y un elefante de peluche que se llamaba Trompita. Trompita era gris y blandito, y llevaba un lazo azul en el cuello. Hacía unos días, había llegado a casa alguien muy pequeño: su hermanito Nico.
Nico era chiquitín, olía a leche y dormía casi todo el rato. Pero cuando estaba despierto, todo el mundo lo miraba a él. Los abuelos venían de visita y decían: «¡Qué bebé tan bonito!».

Mamá lo cogía en brazos, papá lo bañaba y la abuela le hacía cosquillas. Sofía miraba desde la alfombra, abrazada a Trompita. Sentía algo raro en la tripa, como un nudo muy apretado.
—Mamá, ¿jugamos a las cocinitas? —preguntó una mañana.
—Ahora no puedo, cariño, que Nico tiene hambre —contestó mamá.
Sofía arrugó la nariz y cruzó los brazos muy fuerte.
—¡Pues que Nico se vuelva a tu tripa! —protestó.
Mamá no se enfadó. Se sentó a su lado y le acarició los rizos.
—A veces cuesta compartir a mamá, ¿verdad? —le dijo bajito.
Sofía asintió, con los ojos un poco brillantes.

Aquella tarde, Nico se despertó de la siesta llorando. Lloraba y lloraba, con la cara roja como un tomate. Mamá lo meció, papá le cantó, pero Nico no se calmaba.
Sofía se tapó las orejas. Luego miró a Trompita. Cuando ella estaba triste, Trompita siempre la ayudaba. Así que se acercó a la cuna, despacito, de puntillas.
Asomó a Trompita por encima de la barandilla y lo movió muy suave. Y le cantó bajito su canción favorita: «Duerme, duerme, pequeñito, que la luna te da un besito». Nico abrió los ojos, miró la trompa gris… y se quedó callado.

Entonces pasó algo maravilloso: Nico sonrió. Era su primera sonrisa, y era para Sofía.
—¡Mamá! ¡Nico me ha sonreído! —susurró Sofía, muy emocionada.
Mamá se arrodilló y la abrazó fuerte, con Nico muy cerca.
—Eres su hermana mayor —le dijo—. Conoce tu voz desde que estaba en mi tripa.
Sofía le dio un dedo a Nico, y él se lo apretó. Era suave y calentito. El nudo de la tripa se había ido, sin hacer ruido.

Esa noche, cuando Nico ya dormía, mamá entró en el cuarto de Sofía.
—Este rato es solo nuestro —le dijo, y se tumbó a su lado con un cuento.
Sofía se acurrucó contra mamá, con Trompita bajo la barbilla. Y antes de cerrar los ojos, tarareó bajito la canción de Nico. Buenas noches, Sofía…


